domingo, 29 de septiembre de 2013

LARGA MIRADA


      Roy Batty,replicante rebelde de“BladeRunner “,afirma: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuse. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia.”
      Yo humanoen proceso de construcción digo: He visto en los puentes del Umia gorriones cazando arañas utilizando la técnica del colibrí.
      Para un ciudadano próximo, vecino de Caldas, las distancias que marcan la épica no soportan comparación. Orión está a años luz de la tierra y el humilde puente del Umia a la puerta de casa. Sin embargo, para un observador ideal, no necesariamente situado en el centro del universo, la distancia y la  gesta poética se habrían realizado a la misma distancia y en una misma región del espacio. En ese misterioso lugar donde se concreta realmente lo infinito y eterno de su espíritu, la pulsión sensorial y sensitiva que nos conmueve hasta el supremo esfuerzo de la poesía.
     
La distancia  no la define la proximidad o el conocimiento sino la constatación de la íntima esencia de lo creado y de lo que se ha decrear. Seguridad que no se adquiere por la vía de la fría razón sino por el ardiente ingenio de la imaginación cuando en un alarde de sensatez perfila hasta tan sutil extremo la realidad, de modo que alcanzamos a contemplarla en su plenitudpermitiéndole así formar parteinfinita del eternoque procede.
José Romero P.Seguín.

domingo, 22 de septiembre de 2013

EL ÁRBOL Y EL BOSQUE


     
     “Que el árbol no te impida ver el bosque”, sentenciamos a menudo con esa natural indolencia a que aboca la cosmética cultural.
      La frase advierte sobre el peligro de que la unidad nos impida ver la pluralidad. Buscando aplicarla a la realidad, me traslado (años ochenta) a una ciudad del Norte abierta al mar por el hermoso zaguán de una bahía de ensueño. En ella un policía municipal negro, uno solo en plantilla. Era verlo y decirte, mira que nada racistas, que integradores, que europeos.  Y lo eran en aquel hombre. Mientras, a su alrededor, miles de hombres y mujeres venidos de otras provincias en procura de mejores condiciones “sociolaborales” eran tratados con cierta displicencia y adjetivados despectivamente sin excepción.
      En la actualidad la vía catalana para la independencia. Vía: camino, circulación, acceso, comunicación, eso en apariencia, detrás: frontera, peaje, pasaporte, conveniencia, señoreo, la particularidad de la tribu frente a la singularidad del individuo. 

      Aquel policía y esta vía no son sino ese árbol que nos impiden ver el bosque. Ambas hablan con palabras torcidas de un aún más torcido talante. Ambas han sido plantadas ante nuestras comodonas narices para confundirnos o permitirnos justificarlo. Pero por más que no queramos saberlo aquel “árbol” humano y esta humana exigencia no esconden sino la profunda y caprichosa inhumanidad de esos que se anuncian magníficos en la vileza de tan burdo engaño.

martes, 10 de septiembre de 2013

CURSO POLÍTICO


     


   
 Paseando por Soutomaior advertí revuelo de gente armada y uniformada, también camuflada, con ese chulo desenfado que lo hace quien no sabe callarlo. Coches con sirena “sireneándolo” todo, helicópteros garabateando el cielo, en fin, un “sindiós” en toda regla.
 “Inauguran el curso”, me advirtieron. De inmediato imaginé que sería alguno de los párvulos ojito derecho de primeriza, porque sino cómo explicar tanto jaleo. Del absurdo me sacó de inmediato el informante, añadiendo, “está Rajoy y la plana mayor del PP”. Que se matriculasen todos resultaba aún más descabellado teniendo como tienen posibles para hacerlo en Madrid y por la privada. “Curso político”, volvió a la carga el bueno del hombre. ¡Claro, claro!, afirmé, buscando no “sobreinformarme”, porque entender no lo iba a entender de ningún modo. Y es que cómo justificar semejante fanfarria en horas de tanto ajuste y recorte, y menos aún para dar continuidad a una responsabilidad que no debieran ni mencionar haber echado en el olvido, la de gobernar el País. Pero qué se le va a hacer, son floridos en lo suyo e indolentes con lo nuestro.
      Espero que se haya matriculado el presidente en todas las asignaturas, también en esa que se le atraganta, la de Bárcenas, y si no lo ha hecho que se le retire la beca, porque no le llegan los créditos, y de crédito no anda sobrado.

    Y si es incapaz a pasantías con la “licenciada” Cospedal, que parece tener algo más claro tamaño oscuro.

lunes, 2 de septiembre de 2013

ALMAS TIZNADAS




www.slideshare.net/lilaorsa/cositas-de-santi-y-halo

     El ser mitológico de Galicia se expresa en el mar y en el árbol. En la marea de su infinitud se resume el temporal y la calma. Verdes bosques que junto a pedazos de mar azul sobre el azul cielo se vierten con la placidez que se hunde la Tierra en la profundidad del universo.
     De su mano nace la luz que ilumina el Sur y la sombra que alumbra el Norte. De ellos el rumor y el estruendo que alienta en el primero  y último de los poemas “monótono fungar”.
Almas de nuestras almas se nos quiebran las gargantas cada vez que la indolencia o la maldad les tiznan el rostro abismándolos en las tinieblas de una noche sin goznes, porque eso son, cuando son quemados.
     Mar y árbol, en eso se resume la genealogía, la mística y la real mitología gallega. De ellos la suerte que se nos da generosa y repartida. La fuerza que hermana montañas, ríos, hombres y pueblos. Y siendo así ¿qué voluntad es la que contra ellos se alza implacable y criminal? ¿Quién el diablo en este cielo al alcance de las manos? El pirómano, el ser inculto y brutal, al que solo mueve el interés, nos decimos con razón, pero qué razón hallamos en ella, solo el infinito desaliento a que aboca tener que reconocerlos hombres y no bestias. Terrible evidencia, pero es de ella donde hemos de obtener el ánimo para derrotar a ese dragón que no asusta la queja sino la resuelta voluntad de defenderlos. 

     Carne y espíritu de mar y de árbol somos, comportémonos  pues acorde a su nobleza.

lunes, 26 de agosto de 2013

CIUDAD Y CULTURA



      La luminosa tarde de agosto me permitió visualizar en la distancia un Santiago desconocido, blanco y luminoso, más próximo a un pueblo de cal del Sur que al gris farallón de piedra y bruma que es.
Brillaba Compostela arrebatada de luz bajo la camelia estremecida de su honda sombra, pétalo, piedra y lluvia en quehaceres del alma. 
Sobre la ladera del monte Gaiás, destellaba la descarnada osamenta de un animal intemporal, el de la soberbia del gobernante, que no pudiendo inaugurar la culta ciudad optó por construir la       Ciudad de la Cultura. Catedral laica que en tan bárbaro afán semeja haber fagocitado la urbe, para ejercer de ella y también de esa urbanidad que es la cultura, religión de la razón que nos ha permitido construir un dios más allá de nuestra imagen y semejanza, un dios con el que hacer sombra al de la sinrazón en la fe. Esa “agri-cultura” que habla y se aprovecha de la fragilidad del ser y lo incierto del estar.
     En el Santiago sin dimensión en lo terrenal ni orientación en lo espiritual, la catedral sangra las calles, de algún modo lo irracional de su naturaleza le permite derramarse lenta sobre la pulida piedra y el frágil decorado del orvallo. Es una ser vivo, alienta piedra y niebla en el soplo grave de su inmensa belleza. 

     Arriba, el antediluviano ser yace fenecido y se pudre en sus entrañas la ciudad que urdió la megalómana voluntad de esos hombres que pierden el norte hasta en los luminosos días del sur.

TRAMA Y TRAMOYA



     Yo que no me he carteado con Bárcenas. Que no he participado en la tómbola trucada del sobresueldo. Que no me he comido cuarto y mitad de autovía en salsa de donación. Que voto en medida y en medida me reboto sin atender al color. Que no tengo nada que ocultar del tamaño del peñón, digo que lo de Gibraltar no es tolerable. Y no por ser merma territorial, o afrenta a la soberanía nacional, sino porque me alarman y disgustan esos estados supermercado o casino que nacen y viven al calor de banderas y fronteras. Puntos negros de insolidaridad y corrupción. Espacios de impunidad donde habitan y medran delincuentes en gama multicolor.
   Defendiendo Gibraltar no se defienden derechos de hombres y pueblos sino los oscuros intereses de los que los vulneran. Por ello afirmo que la sucia cretona, el rancio terciopelo o la basta arpillera de ideologías y partidos que lo toman sin asco como telón tras el que esconder sus deslealtades,  no son más perversos que el delicado tul con el que las almas delicadas buscan ignorarlo. Porque al margen de tan bastardos intereses, se hace visible la terrible evidencia del paraíso fiscal, cloaca donde va a parar el dinero de los contables y condestables, rancios todos en el viejo oficio de corromper. El establo, en fin, donde engorda el dinero de la mordida y la comisión.
    Gibraltar puede ser hoy una disculpa, pero eso no le resta ni un ápice de culpa. En una palabra, no cambia su perversa condición.

martes, 13 de agosto de 2013

BENDITA MALDICIÓN


Dios expulsa al hombre del paraíso y le advierte: “Ganarás el pan con el sudor tu frente”. La exclusión como la condena supusieron la más alta dignidad que nos fue concedida, porque ganar el pan supone ganar también la libertad. Dejar de ser mamíferos estabulados en el paraíso para pasar a tomar posesión de la faz de la tierra. 
Ganarlo nos dignifica, con esfuerzo, aun más. Pero, en qué ha devenido finalmente esa maldición con que se nos bendijo, en una constante ida y venida entre la adopción y la expulsión de tan elemental derecho. Decretado, por cierto, por la lógica del universo a través de la boca de un  dios que no estaba lúcido, y menos aún en la naturaleza de todo y el pensar de todos. Sino cómo no ver que la maldición iba a ser conseguir acceder a él. 
El trabajo es responsabilidad individual y social no negocio. Compromiso del que no se nos puede expulsar, excepto que antes se nos haya expulsado de la vida, de la libertad, de la dignidad: ¿es eso?, ¡verdad!
La verdadera expulsión se ha consumado a través de la perversión de comercializar con la primera y última de nuestras responsabilidades: ganar el pan. Lo ha sido siempre, siempre propensa al mercadeo, a la injuriosa explotación, a la infamia, tanto que, paradojas de nuestra condición, nos hemos roto las manos y las bocas por hacerlo dentro del respeto a lo humano y ahora que íbamos camino de  conseguirlo, ¡qué pena!, lo que falta es humanidad y trabajo.