Zapatero es el presidente que mejor ha sabido narrarnos el cuento democrático que nos hemos venido contando desde tiempo inmemorial en la épica de conformarnos, de reconocernos solidarios, tolerantes y amantes de la libertad, para ser lo que debiéramos ser y no somos.
Modula su voz y las palabras fluyen párvulas en su boca a la par que suenan dulces en nuestros oíos, tanto que oyéndolas no puedes evitar preguntarte en silencio, ¿será verdad que somos así, y es así la realidad? Nos cuesta creerlo, pero, cómo no hacerlo, resulta tan atractivo y gratificante que nos dejamos ir en el ensueño de ese cuento para futuros recuentos en días de urnas.
No es vano el esfuerzo, no lo crean, es justo y necesario, para ser en lo real hay que dejar de ser antes en la ficción, y este país está necesitado de acometer esa empresa, la de ubicarse en la realidad, la de sentirse real y no más fantasmal que imaginario, como ahora ocurre.
A fin de sobreponernos a esta infantil manera de gobernarnos deberíamos contarnos honestos, para que sea esa voluntad pilar de nuestros pueblos y gobiernos. Desterremos pues de la política los cuentos y los cuentistas, y permitimos que emerja plena la realidad, y sea ella la que nos cuente en el nítido reflejo de lo que de verdad somos y lo que debiéramos ser. Ese es el camino, lo demás no dejan de ser sino cuentos que sólo buscan sustraernos amables de nuestra responsabilidad para someternos a su voluntad.



