Hojeando el BOE en busca de recortes, hallo el exceso, la
inútil fronda legislativa que nos asfixia. En esta ocasión en una Orden de
Presidencia referida a la Guardia Civil. El hallazgo me lleva a reflexionar
sobre lo escaso de su presencia, por lo que me animo a leerla en la esperanza
de poder resolver el enigma. La idea fuerza que transmite, hasta la náusea, es lo
indiscutible de su carácter militar y su vinculación con el ejército.
Uno de sus artículos habla de la obligación de los guardia
civiles “de saludar a la bandera de los
buques de la Armada al embarcar y desembarcar, así como a los patrulleros oceánicos
de la Guardia Civil.”
Más adelante ordena que en la entrada de sus instalaciones,
en lugar visible y junto a su emblema figuren un par de frases míticas.
De ambos mandatos se colige que la redacción obedece a los
dictados de un alegre corazón naval y un frustrado espíritu castrense.
La cuestión es que si Ud. ciudadano acude a un cuartel en
demanda de auxilio encontrará escrito en su frontispicio lo siguiente: “Casa cuartel
de la GC”, “Ministerio del Interior”, “todo por la patria”, “el honor es la
principal divisa”, “llame al 062.”
Que la puerta cerrada y el escueto número no le confundan, ni
Ud. ha retrocedido en el tiempo, ni han desertado ellos de su misión, es solo
que pasean sonámbulos por los viejos malecones portuarios saludando buques
oceánicos.
La estupidez, civil o militar, puede llegar a ser
presidencial.







