
Galicia es hermosa, lo fue siempre, y, sin embargo, los gallegos tuvimos que salir al mundo a fin de saciar el hambre y la legítima ambición que nos acuciaba. No nos mostramos en ello cobardes, ni somos por ello merecedores de reproche o lástima, la búsqueda de mejores oportunidades es un proceso lógico y natural. Es más, la diáspora nos permitió en muchos casos nacer a una conciencia paisajística y cultural que hasta ese momento nos pasaba inadvertida.
La patria nace del mandato natural a que el hecho geográfico y genético nos obliga a la para que nos caracteriza, y no a la inversa, no se conforman por tanto, a través de manuales, ni de políticas de claro carácter nacional, sino en el acto de tocarlas, de saborearlas, de enamorarse de ellas. No es, por tanto, la propiedad, el arraigo o la proximidad quienes más la potencian, sino que es a menudo el desarraigo, la desposesión y la distancia quienes de verdad lo hacen.
Otra cosa es un Estado, de eso tendríamos que hablar cuando exigimos independencia, cuando reclamamos el derecho de autodeterminación. Hablar digo, de los recursos naturales de que disponemos, de nuestro sistema productivo, de comercio, de servicios, de instituciones, de economía en suma, porque de eso se trata.
La patria no se construye, el estado sí, la patria no es cuantificable, el estado sí, la patria no es enajenable, el estado sí. La patria es esencialmente sentimiento el Estado pura necesidad.